30 de mayo de 2013

¿ES LA HUELGA REALMENTE UN DERECHO?

Rotundamente, sí. Eso es innegable. La Constitución Española no deja puerta abierta alguna a otra interpretación cuando dice en su artículo 28.2: “se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses”.


Este artículo, interpretado a contrario, defiende también la libertad de los trabajadores que no deseen secundar una convocatoria de huelga, dado que configura la huelga como un derecho y no como una obligación.

Sin embargo, yo hoy quería ir a trabajar con normalidad y no he podido hacerlo (jornada de huelga general en la Comunidad Autónoma Vasca). En mi lugar de trabajo se llevó a cabo una votación y con un 58% de votos afirmativos se decidió cerrar la empresa en base a lo que dictan sus Estatutos para casos como este, con lo cual, estoy obligado a secundar una  huelga en la que no creo (con el consiguiente perjuicio económico que ello me supone). ¿Dónde queda mi libertad?

Por lo tanto, la pregunta que deberíamos plantear no es la del título de este artículo, sino la siguiente:

¿El derecho de huelga de los trabajadores recogido en la Constitución opera realmente como un derecho?

Rotundamente, no. La coacción ha pasado a ser un elemento fundamental en cada convocatoria de huelga y en el resultado final de su seguimiento.

En mi caso particular no he sido coaccionado sino que, simplemente, mi puesto de trabajo no estaba disponible lo que, a mi entender, vulnera mis derechos como trabajador.

Esta coacción de la que hablo opera en ambos sentidos:

La situación actual, la creciente precariedad laboral y la inestabilidad y temporalidad contractuales, permite que sean los empresarios quienes en muchos casos decidan si permiten a sus empleados secundar o no la convocatoria de huelga. Este hecho, sin duda, vulnera flagrantemente su derecho a seguir el dictado de su conciencia por miedo a las represalias que pudieran tener lugar.

Existen trabajadores que desearían no acudir a su puesto de trabajo en la jornada de hoy pero han de hacerlo bajo el temor a ser despedidos o sancionados por parte de sus superiores. Además, la catastrófica situación que nos venden “ahí fuera” se encarga de hacer el resto.

Por otra parte, podemos encontrarnos el caso contrario: multitud de pequeñas empresas viven “con el agua al cuello” y directamente obligan a todos sus empleados a secundar la jornada de huelga para poder ahorrarse un día de salarios y de aportaciones a la Seguridad Social. Se trata esta de una situación mucho más delicada, pero que no por ello vulnera en menor medida el contenido del derecho de huelga.

En el caso del sector terciario (servicios), todo cambia. Habitualmente, estas jornadas cuentan con un “apoyo” masivo de este sector compuesto en su mayoría por pequeños comercios y trabajadores autónomos. Esto se debe en gran medida a la incansable y comprometida labor de los piquetes “informativos”, que te informan “muy amablemente” de que o cierras tu comercio, o te lo revientan. Curioso que amenacen de esta forma a aquellos pequeños trabajadores cuyos derechos se supone que están defendiendo.

Por cierto, ¿sabíais que los delegados, representantes y demás miembros sindicales que convocan la huelga y velan por su seguimiento pueden cobrar ese día como un día de trabajo?

Si, esos mismos que animan a los trabajadores a voz en grito y pancarta en mano a quedarse en casa cobrarán todas sus horas como si ese día hubieran trabajado. La ley permite a los representantes de los trabajadores disponer de una serie de horas libres, que varían en función del tamaño de la empresa, para hacer actividades sindicales. Si en este caso, estos no han agotado sus horas del mes de mayo, podrán sumarlas a la huelga (considerando esta como una actividad sindical) y cobrar su sueldo íntegro.

El problema de base está en los propios sindicatos. La mayor parte de sus ingresos proviene de las subvenciones públicas, lo cuál limita bastante su poder de actuación. ¿Morderíais vosotros la mano que os da de comer?

Es por ese motivo que ninguna de las actuales organizaciones sindicales se atreve a plantear una huelga indefinida en todos los sectores. Esa sería la convocatoria de huelga que muchos estamos esperando. Para que políticos y gobernantes se planteen siquiera algún cambio han de verse ellos “con el agua al cuello”. Hay que invertir la situación, hay que paralizar el país: sin transportes, sin servicios, la Seguridad Social sin recaudar… entonces seremos fuertes, y no con una huelga de un día en la que la mayoría de los trabajadores tendrán que recuperar el trabajo que no hicieron, pero sin cobrarlo.

Siempre lo he defendido: el día que los funcionarios públicos tomen conciencia del poder que tienen y de que son ellos quienes realmente hacen funcionar los engranajes de la Administración, ese día ocurrirán hechos históricos.

Y después está también el problema político, que no debemos obviar. Hace unos meses ya tuvimos una jornada de huelga general convocada por los sindicatos de mayor afiliación a nivel estatal. Ahora tenemos otra, con el mismo objetivo, pero promovida por los sindicatos nacionalistas. Hasta aquí llega la división política. ¿Cómo vamos a luchar así contra nada? “Divide y vencerás”, como se suele decir.

Carteles del sindicato nacionalista LAB anunciando la huelga

La gente está cansada ya de perder dinero luchando contra no se sabe muy bien qué, de la manera equivocada y, encima, cada uno por su lado (no vaya a ser que nos mezclemos y piensen que somos iguales).

Lo que más rabia me da es que, al final del día, cuando consulte cualquier medio de comunicación e informen acerca del seguimiento de la jornada de huelga aportando un porcentaje, yo y muchos como yo estaremos incluidos en el mismo.



5 de mayo de 2013

ESCRACHES... Y LO QUE VENDRÁ


Los escraches están de moda. O tal vez sea mejor decir que “son actualidad”.

Aunque el término ya existía, en estas últimas semanas se ha convertido en una de las palabras más utilizadas por los medios de comunicación. Estos movimientos no son más que una forma de protesta pacífica de acción directa en la que las protestas tienen lugar frente al domicilio o lugar de trabajo de la persona a quien se desea presionar o cuya responsabilidad se quiere denunciar o hacer pública.

Vamos, que en la práctica se trata de “montar  jaleo” bajo la ventana de casa de un Diputado, un banquero, Ministros… Ya que están muy ocupados y no tienen tiempo de acercarse a ver la realidad por la que atraviesa el país, pues les llevan la realidad a casa. Realidad a Domicilio o tele-realidad. ¿Qué más quieren?

Es algo así como lo que hace el cobrador del frac: su único objetivo es recordar a esta gente cuáles son sus responsabilidades.

Imagen de un escrache. / Imagen: JAIRO VARGAS

Pero, ¿Por qué hacer un escrache? ¿Qué hay detrás de todo esto? Y lo que es más preocupante, ¿Qué vendrá después?

Los escraches no son más que el siguiente paso. Un escalón más. Son el objeto de la frustración de un sector cada vez más amplio de la ciudadanía que ve como manifestaciones, concentraciones y demás actos de protesta… lejos de mostrar eficacia alguna, encima generan la burla de aquellos a quienes van dirigidas. Estamos hartos de ver cómo políticos y demás altos cargos frivolizan con asuntos tales como el número de asistentes, la seriedad de convocatorias y las teorías conspiranoicas que se ocultan tras las mismas.

Concretamente recuerdo el caso de un Diputado asomándose por la puerta del Congreso de los Diputados durante el primer movimiento “rodea el Congreso”. Lo más inteligente que se le ocurrió decir al mirar hacia la Plaza de Neptuno fue: “suele haber más gente cuando el Atlético de Madrid celebra algún título”. ¿No le parece serio? Pues igual debajo de su casa lo ve de otra manera. Es un paso absolutamente lógico y comprensible.

Esta vergonzosa prepotencia de aquellos que dicen velar por los intereses de la sociedad es la que genera y alimenta estos movimientos, y no la extrema izquierda, ni la extrema derecha ni ETA, ni nada que se le parezca, como hemos tenido que escuchar. No tienen ni idea de lo que realmente está pasando ni del alcance que todo esto puede llegar a tener. Y si lo tienen, ya han dejado claro que les da igual.

Como muchas veces antes, volvemos a enfocar las cosas de la manera equivocada. El problema no son los escraches. Los escraches, sinceramente, deberían “traérnosla floja”. Luchar contra los escraches es como tener bronquitis y tomar únicamente medicamentos para atajar la tos. En ambos casos, si se me permite el símil, la enfermedad está más extendida. Si nos centramos en los síntomas en vez de combatir la enfermedad, esta terminará por matar al paciente. No debemos gastar tiempo, dinero ni ningún recurso en combatir ni enfrentarnos a los escraches, sino en ver todo lo que hay detrás, todo lo que ha llevado a esas personas a protestar desesperadamente bajo el domicilio de un personaje público concreto. Cuando la enfermedad sea curada, los síntomas desaparecerán solos.

Ilustración de Manel Fontdevila publicada en la revista "El Jueves"

Si no hacemos esto, los escraches irán a más. Cada vez harán referencia a más problemas y se volverán violentos (por suerte, todavía no lo son). Comenzaron como un movimiento contra los desahucios, pero ya están extendiéndose a otros ámbitos como los recortes en gasto público, el paro… La metástasis está en marcha y empieza a parecer imparable.

Es cuestión de tiempo que alguien dé el siguiente paso, que alguien suba el siguiente escalón. Y no sé si se han dado cuenta los escracheados, pero la indignación está ya en la puerta de sus casas. ¿Qué creen que será lo siguiente?

En este país se está suicidando gente que se ve en la calle sin nada tras ser desahuciada y sin posibilidad de volver a remontar el vuelo porque continúa teniendo una deuda millonaria con su banco. Esto es ya una realidad. Llegará el día en que alguna de estas personas caiga en la cuenta de que le da absolutamente lo mismo llevarse a 4 o 5 por delante antes de quitarse la vida. Peor aún, se dará cuenta de que de ese modo se va al otro barrio mucho más satisfecha.

Cuando eso suceda, nuevamente dedicaremos tiempo y recursos a decir lo mal que está hacer eso en vez de dar con el problema real y tratar de remediarlo, y así es como la enfermedad seguirá avanzando.

Otra cosa que creo que acabará sucediendo es un aumento de la delincuencia. Mucha gente habrá que, ante la posibilidad de vivir en la más absoluta miseria, optará por robar y delinquir. Si les va bien podrán vivir con lo que roben, y si les va mal y son detenidos, podrán vivir en una prisión a cuenta del Estado. Cada vez la gente tiene mucho menos que perder, por lo que vivir en una cárcel (comida caliente y una cama) llegará a ser mucho más que aquello a lo que puedan aspirar en sus vidas.

Todo esto no es más que un reflejo de la crispación, el desengaño y la decepción de la calle. Algunos lo exteriorizamos escribiendo, otros lo hacen a gritos y pancarta en mano, pero es cuestión de tiempo que alguien decida que todo esto ya no es suficiente y pase a mayores. Entonces, ya no habrá vuelta atrás, y llevarnos las manos a la cabeza no servirá absolutamente para nada.

Lo dicho, estos políticos elitistas a los que alimentamos deberían bajar de una vez a la calle y romper esa barrera que les separa de la realidad y que cada vez parece más insalvable. La clase política está perdida. Ellos tienen a la policía delante de su casa (policía que pagamos todos) para evitar que se acerquen demasiado aquellos a los que, en muchos casos, esa misma policía ayudó a echar de la suya. Curioso.

Lo peor de todo es que cuando tras esta lenta agonía el paciente muera, encima nos dirán que no pudieron hacer nada por salvarlo o que hacerlo no estaba en su mano. Y entonces no sé qué será peor: si que nos lo digan o que ellos mismos realmente se lo crean.

25 de febrero de 2013

ESTAFA EMBOTELLADA



Seguramente nunca os habéis parado a pensar en todo lo que se esconde detrás del simple y cotidiano hecho de tomar un trago de agua de una botella de plástico, una sencilla botella de esas que podemos adquirir en cualquier tienda, supermercado o establecimiento hostelero.

Hoy quiero haceros reflexionar sobre el engaño del que somos objeto a cuenta del agua embotellada y del que seguro que muchos de nosotros no somos conscientes.

Esa agua que todos vemos como garantía de limpieza, salubridad, con preciosas montañas y escenas de la naturaleza decorando las botellas, no es más que otra de las muchas manipulaciones y engaños a los que nos somete el mercado consumista del que somos parte. Este mercado, para poder subsistir, necesita vender a toda costa y, para ello, las grandes compañías invierten muchísimo dinero en campañas orientadas a convencer a los consumidores de que necesitan comprar a toda costa.

Para ello, crean necesidades inexistentes, nos convencen de que debemos comprar un producto que no necesitamos. Sin que nos demos cuenta introducen en nuestra mente deseos sobre cosas que, en la mayoría de los casos, no nos aportan nada provechoso. Además, crean en nosotros un persistente sentimiento de inseguridad si no adquirimos aquello que nos ofrecen.

Este es el caso del agua, un producto que podemos tener en nuestras casas prácticamente gratis, siendo en la mayoría de los casos de mucha mejor calidad.
  
Hemos pasado de consumir agua embotellada únicamente por tratarse de agua mineral con unas propiedades determinadas o por recomendación médica, a consumir agua embotellada simplemente “porque sí”.

Las grandes empresas comercializadoras de bebidas han visto en este comportamiento una gran oportunidad de negocio y no han dudado en lanzarse de cabeza, en muchos casos, engañando de forma descarada a los consumidores. Me explico:

Muchas de las marcas que comercializan agua embotellada lo único que hacen es embotellar agua corriente, de la misma que podemos consumir a través del grifo de nuestras casas. La marca de agua embotellada Aquafina (producto de PEPSI Co.), por ejemplo, se ha visto obligada a reconocer públicamente que el agua que comercializa no es más que agua del grifo. De hecho, ha sido obligada a modificar su etiquetado, en el que ahora indica que se trata de “agua potable preparada” (podéis comprobarlo). Personalmente, me resulta bastante curioso el término “preparada”. Desde el punto de vista del marketing, se trata de una estrategia redonda: “nos están vendiendo agua del grifo a precio de mineral”. ¡Y la estamos comprando encantados!

Etiqueta de Aquiafina en España
¿No nos damos cuenta de que estamos pagando por el mismo producto que podemos encontrar en nuestras casas o en cualquier fuente pública? Y además lo estamos haciendo sobrepasando en un porcentaje muy elevado su precio real.

Y todo ello sin mencionar otro grave problema: la contaminación derivada de la producción industrial de botellas de plástico, que consume grandes cantidades de petróleo y cuyo reciclaje posterior resulta también muy costoso y contaminante, generando toneladas de residuos imposibles de eliminar.
Montaña de botellas de plástico en India.

Es cierto que en muchos lugares del mundo el agua corriente no tiene la calidad requerida para el consumo humano o no es potable, pero debemos orientar todos los recursos posibles a conseguir que lo sea. En esos lugares, el consumo de agua embotellada debería ser una alternativa temporal hasta que se logre la potabilización del agua corriente, y no la solución final al problema, como las multinacionales del sector pretenden.

Estas empresas, junto con nuestra mentalidad consumista, han logrado convertir el acceso a agua potable (que debería ser un derecho humano) en un producto.

El cambio y la concienciación deben comenzar por nosotros mismos con pequeñas acciones cotidianas que no cuestan nada. Por ejemplo, pidiendo en bares y restaurantes un vaso o jarra de agua del grifo en lugar de una botella. Tan sencillo como eso.

Deberíamos tomar conciencia y prescindir del consumo del agua embotellada en la medida de lo posible. Por nuestra salud, por nuestro bolsillo y por nuestro planeta.

A modo de cierre, os dejo un vídeo que trata este asunto y en el que merece la pena invertir unos minutos:





2 de febrero de 2013

CAMPEONES DEL MUNDO, PERO… ¿QUÉ HACEMOS AHORA?

La selección española celebrando el título de Campeones del Mundo 2013. / Imagen: Massimiliano Minocri

Hace exactamente una semana que la selección española de balonmano se proclamó campeona del mundo tras vencer a Dinamarca en la final del Mundial celebrado en España. Como no podía ser de otra manera, la deformación producida por tantos años ligado a este deporte me impide dejar este asunto sin comentario alguno.

Pasada una semana de ese gran éxito, el balonmano nacional vuelve a su triste realidad: la liga ASOBAL. La reanudación de la competición nacional este fin de semana nos devuelve al precario estado en el que se encuentra este deporte, y que en nada se corresponde con lo vivido y disfrutado durante la celebración del pasado Campeonato del Mundo.

La Final del pasado domingo, disputada en Barcelona, fue seguida a través de la pequeña pantalla por cerca de 3 millones y medio de espectadores, mientras que el encuentro de liga ASOBAL más seguido la pasada temporada lo vieron 401.000 personas (Barça – Atletico de Madrid). El Palau Sant Jordi mostraba un lleno absoluto en la final mundialista, mientras que la media de asistencia a los pabellones en liga es de 2.414 aficionados (datos de la pasada campaña).

Desde que se adjudicó a España la organización de este Campeonato del Mundo, allá por 2010, desde las altas instancias del balonmano español se hizo hincapié en la ocasión que ello supondría para relanzar este deporte de nuevo en nuestro país. No olvidemos que estamos hablando del tercer deporte en lo que a número de licencias federativas se refiere (96.258), y a uno de los que más títulos internacionales ha dado, tanto a nivel de clubes como desde la selección (10 medallas desde 1996, entre ellas, 2 oros en Campeonatos del Mundo).

España ya ganó el Mundial en el año 2005, y desde entonces, una vez aliviado el “subidón” inicial, el panorama balonmanístico ha sufrido un deterioro sin precedentes, alcanzando límites desoladores. En los últimos años, la liga ASOBAL ha caído en picado en todos sus ámbitos, caída que se ha visto acentuada por la situación económica actual. Clubs míticos como Teka Cantabria, Altea, San Antonio (todo un Campeón de Europa), Arrate… se han visto obligados a desaparecer por no poder hacer frente a sus deudas, mientras que los mejores jugadores (nacionales y extranjeros) han iniciado un éxodo a otras ligas como la francesa o alemana, que han visto como aumenta su nivel a la par que disminuye el nuestro. De hecho, de los 16 jugadores que se acaban de proclamar Campeones del Mundo, 6 militan en ligas extranjeras.

Tras este reciente éxito, se da por hecho que llegarán los patrocinios y se logrará enganchar a nuevos aficionados, pero yo, personalmente, no las tengo todas conmigo. El balonmano en este país siempre ha carecido de una estrategia de marketing de calidad. Nunca se ha sabido promocionar de manera efectiva desde ningún sector. Pésimos horarios, jornadas partidas con encuentros entre semana, poca cobertura mediática, publicidad inexistente… no ayudan a que este deporte pueda ser seguido o enganchar a nuevos seguidores. Y en el caso de las chicas, cada uno de estos problemas se multiplica. Seguro que todos recordamos la medalla de bronce lograda por la selección femenina en los pasados JJOO de Londres (éxito que les valió el apodo de “las guerreras”), pero nadie ha vuelto a oír hablar de balonmano femenino desde entonces.

Gran parte de la responsabilidad de haber llegado a esta vergonzosa situación debe recaer en las instituciones y organismos que dirigen y gestionan este deporte, comenzando por la Real Federación Española de Balonmano. Juan de Dios Román, su presidente, se acaba de apuntar el tanto del éxito organizativo y deportivo del Mundial, pero de lo que realmente es responsable este señor es de la lenta agonía que ha sufrido el balonmano español durante los últimos años. Sus rencillas con la ASOBAL, con las distintas Federaciones autonómicas y territoriales, con clubs… y sus intereses personales al frente de la RFEBM, han dejado morir lentamente al balonmano haciendo parecer que éste se moría solo.
"Joseja" Hombrados y Juan de Dios Román. / Imagen: MARCA

Juan de Dios Román finaliza mandato este mismo año y ya ha anunciado que no se presentará a la reelección. De momento, el único candidato a sucederle es José Javier Hombrados, excelente y laureado guardameta campeón del mundo en 2005 que ha visto precipitada su retirada tras una complicada lesión de rodilla. Si finalmente llega a ocupar el cargo, tiene mucho trabajo por delante para lograr resucitar un deporte en horas muy bajas. Personalmente, tengo la esperanza de que su todavía reciente paso por las canchas dote a la Federación de la perspectiva y sangre fresca de las que ha venido careciendo en los últimos años.

Como suele decir Paco Caro, comentarista encargado de retransmitir el balonmano en TVE:


 “Háganme caso, sigan este maravilloso deporte”




ACTUALIZACIÓN: Finalmente, no fue J. J. Hombrados el único candidato a la presidencia de la RFEBM. El valenciano Francisco Blázquez presentó con posterioridad una candidatura alternativa y, tras un agitado proceso electoral, resultó elegido Presidente el 22 de abril de 2013, con 54 votos frente a los 32 que obtuvo el guardameta.



6 de enero de 2013

¿EN QUÉ HORA VIVIMOS?


España ostenta un curioso record: se trata del país del mundo en el que más tarde sale el sol. Como no podía ser de otra manera, los responsables de tal hazaña somos nosotros mismos.
Para poder comprender de qué hablo, os voy a obsequiar, siempre de forma gratuita, con unas prácticas lecciones de Historia:
Como todos sabéis, la hora que marcan nuestros relojes varía en función de en qué parte del mundo nos encontremos. Esto se debe al movimiento rotatorio de nuestro planeta, que hace que el día y la noche se vayan desplazando de este a oeste sobre la superficie terrestre.
Antiguamente, la hora se fijaba en cada localidad en base a relojes de sol. La gente no solía desplazarse grandes distancias, por lo que no resultaba necesario saber la hora de otros lugares. Era sencillo: cuando el sol alcanzaba el punto más alto sobre el horizonte, todo el mundo sabía que había llegado el mediodía. Esto se convirtió en un problema cuando llegó el primer medio de transporte capaz de unir dos puntos geográficos distantes en relativamente poco tiempo: el ferrocarril.
La irrupción del ferrocarril en la vida cotidiana de la época trajo consigo la necesidad de sincronizar horarios, ya que era indispensable que en la estación de origen, en la de destino y en todas aquellas situadas en su recorrido la hora fuese la misma al mismo tiempo. A medida que crecían las rutas ferroviarias, este hecho se transformó en un quebradero de cabeza a nivel mundial. Por ello, en 1884, se convocó, auspiciada por el Presidente norteamericano Chester A. Arthur, la “Conferencia Internacional del Meridiano”, con el objetivo de establecer un meridiano para ser empleado como longitud cero común y como estándar de tiempo en todo el mundo. Los países participantes, reunidos en Washington DC y asesorados por un equipo científico, acordaron una distribución homogénea de meridianos que utilizaba el meridiano de Greenwich como eje central (meridiano 0). De este modo, el planeta se dividiría en 24 regiones horarias en las que, partiendo de la posición central del meridiano de Greenwich (GMT), habría que restar una hora por cada región que se atraviese en dirección oeste (GMT-1) y sumarla si se hace en dirección este (GMT+1).
La tierra se divide en 24 husos horarios. En el mismo color, los países y entornos que comparten horario
La Conferencia estableció así los husos horarios, pero cada Estado pudo decidir con quién acompasar sus relojes. La única recomendación fue que cada país adaptase su horario de forma que las 12:00 horas oficiales se aproximasen lo máximo posible al mediodía solar, esto es, al momento en el que el sol se encuentra en el punto más alto sobre el horizonte. Estados Unidos, por ejemplo, cuenta con 4 husos horarios diferentes dentro de su territorio continental (que son más si contamos Alaska y Hawai), mientras que China, con una extensión similar, mantiene todo su territorio dentro de la misma franja horaria. España se encontró con un dilema de sencilla solución: el meridiano de Greenwich atraviesa la península ibérica en su zona oriental, por lo que se fijó el horario GMT (Greenwich Mean Time, o Tiempo Medio de Greenwich), el mismo que adoptaron Gran Bretaña, Francia y Portugal, entre otros.
El problema que mencionaba al principio surge cuando, durante la 2ª Guerra Mundial, la Alemania nazi fue, progresivamente ocupando los distintos Estados de Europa. Al hacerlo sincronizó los horarios de todos ellos con el horario de Berlín (GMT+1) en un intento por fijar la capital alemana como centro de poder y capital también del viejo continente. España nunca fue ocupada durante el Tercer Reich, principalmente, debido a la pleitesía mostrada por el régimen franquista hacia Adolf Hittler. Como muestra de esa simpatía, en 1940, Franco tomó la “brillante” decisión de sincronizar el horario de Madrid con el de Berlín, pasando así España del huso GMT al GMT+1.
Ni tras el fin de la guerra y la caída de la Alemania nazi, ni tras el fin de la dictadura franquista se recuperó la hora que correspondía al país por su situación geográfica. Tampoco ninguno de los gobiernos de la democracia ha caído o ha querido caer en la cuenta del problema que supuso aquél cambio. Se trata de un capricho de un Dictador que, pudiendo haber sido solucionado tras su muerte, no lo fue.
En verde, aquellos países con los que compartimos horario
Francia tampoco recuperó el huso GMT tras la guerra, a pesar de que el país galo es atravesado por el meridiano de Greenwich de norte a sur. Si a nuestro país vecino ya le perjudica este cambio, imaginemos lo que pasa en España, con la mayor parte de su territorio situado más al oeste.
Actualmente, nos encontramos en el huso correspondiente a Europa central, lo que nos lleva a la curiosa situación de que tenemos una hora de diferencia con Portugal y las Islas Canarias (situadas en una longitud similar), mientras que compartimos horario con países como Polonia, República Checa y Hungría, entre otros.
Seguro que nunca os habéis parado a pensar en las consecuencias que esto tiene en nuestras vidas cotidianas. Si partimos de la base de que nuestro horario oficial de invierno lleva 73 años adelantado de forma incomprensible respecto del horario solar (en verano ese desfase es de 2 horas debido al adelanto que tiene lugar en marzo), entenderemos por que, en la mayoría de acciones cotidianas nuestro comportamiento difiere tanto del de nuestros vecinos europeos.
Siempre me ha llamado la atención, por ejemplo, que en la gran mayoría de países las horas de comida y cena sean tan tempranas y que nosotros lo hagamos tan tarde. Pues bien, la explicación de esto no está en el “carácter latino”, como se ha dicho en infinidad de ocasiones. Como es lógico, nuestro cuerpo tiende a adaptarse a las condiciones naturales del entorno en el que vivimos y eso incluye las horas de sol existentes. Por eso comemos a las 2 de la tarde. Todo el mundo come con el mediodía, solo que nuestro mediodía solar llega 1 o 2 horas más tarde (dependiendo de la época del año), porque es un mediodía berlinés. En Galicia, territorio situado más al oeste de todo el país, el mediodía en verano llega en torno a las 3 de la tarde y aún hay luz solar cerca de las 11 de la noche. Es cierto que comemos, cenamos y nos retiramos a descansar más tarde que el resto del mundo, pero lo hacemos más tarde sobre el horario oficial y no tanto si tenemos en cuenta el horario solar.
Por otra parte, ¿Nunca os habéis preguntado por qué cuando nos levantamos por la mañana todavía es de noche? O, incluso ¿por qué la mayoría de nosotros entramos a trabajar o a clase sin que haya amanecido aún? Lo normal sería que nos despertásemos con luz natural entrando por nuestra ventana, que es como lo hacen en el resto del mundo, y no siendo noche cerrada como sucede aquí. El cuerpo, en su intento de adaptarse a las condiciones naturales, sufre muchísimo con esta circunstancia. Una y otra vez le impedimos adaptarse al horario solar, y lo pagamos con un peor descanso que repercute negativamente en nuestro día a día. Pensad que cuando suena nuestro despertador, por ejemplo, a las 6:30 de la mañana, en realidad, solarmente hablando, nos estamos despertando en plena madrugada, que es cuando cuerpo y mente se encuentran en su momento de máximo descanso. Por mucho que nos empeñemos, está demostrado que la calidad del descanso no es la misma a cualquier hora del día.
La solución que se propone desde numerosos sectores es muy sencilla: recuperar el horario que realmente nos corresponde y que teníamos hasta 1940 y volver a compartir horario con Gran Bretaña, Irlanda, Portugal y Marruecos. Estamos sin duda ante una muestra más de las nefastas consecuencias de que decidan este tipo de cosas quienes no deben hacerlo. Se trata de una decisión política que ha llegado a modificar lo natural.

17 de diciembre de 2012

LÁGRIMAS DE PLOMO



La matanza producida hace unos días en un colegio de primaria ha vuelto a sacar a la palestra el debate sobre la permisividad en el manejo de armas de fuego en EEUU.
Derechos de la imagen: GisXXI

Para aquellos que no sigáis la prensa, os haré un pequeño resumen de lo ocurrido: el pasado viernes, día 14, un joven de 20 años, tras matar a su madre, irrumpió en el colegio de educación primaria Sandy Hook de Newtown (Connecticut) armado con un fusil de asalto (entre otras armas) y disparó contra todo ser que encontró a su paso. El resultado fue desolador: 26 personas fallecidas, 20 de ellas niños de entre 6 y 7 años. El propio joven también falleció en el interior del centro, aunque no está claro si se suicidó o si, por el contrario, fue abatido por las fuerzas de seguridad desplazadas al lugar de los hechos.

Pensaréis: “eso pasó hace tiempo, te estás equivocando”. No, no me estoy equivocando, ha vuelto a suceder. Y eso es lo realmente preocupante, que esta clase de sucesos ya nos resulten familiares.

Con el paso de los días, se han ido conociendo nuevos detalles sobre lo sucedido, tales como la identidad y vida del homicida (Adam Lanza). Parece ser que actuó utilizando varias de las 6 armas de fuego que su madre tenía en casa y con las que ésta llevaba a sus dos hijos (Adam y su hermano) a hacer prácticas de tiro cuando eran niños, algo bastante común en los EEUU. Resulta alarmante la cantidad de niños que crecen familiarizados con el uso de este tipo de armas en ese país, lo cual hace que pierdan el miedo y la noción del peligro, no siendo conscientes de lo que tienen entre manos y del daño que pueden producir. Por desgracia, para muchos niños y jóvenes norteamericanos, hablar de armas de fuego es hablar de “un juguete más”.

Me resulta curiosa, a la par que preocupante, la extraña moralidad predominante en el país de las oportunidades, donde en muchos de sus 50 Estados es más fácil adquirir un revolver que una caja de preservativos. De hecho, ya se han escuchado voces pidiendo armar a los profesores de colegios e institutos para que puedan defenderse en futuros tiroteos (que los habrá, seguro).

Por su parte, el Presidente y Premio Nobel de la Paz Barack Obama, no tardó en comparecer ante los medios para mostrar su consternación tras lo sucedido y transmitir sus condolencias a las familias. “Sé que no hay un padre en EEUU que no sienta la misma pena devastadora que siento yo”, declaró el Presidente. Seguro que es así, no lo dudo, pero carece de sentido alguno mostrar tanto dolor cada vez alguien se lía a tiros en un colegio y continuar manteniendo y defendiendo el uso de armas de fuego entre la población civil como “instrumento de defensa”. Lo extraño es que barbaries como la de Newtown, el Virginia Tech (2007) o el instituto Columbine (1999), por citar las más conocidas, no ocurran más a menudo. No olvidemos que en algunos Estados norteamericanos podríamos disparar a alguien solamente porque pensamos que va a hacernos daño.

Lo dicho, bajo estas circunstancias, en lugar de llevarnos las manos a la cabeza y entristecernos por lo sucedido, tal vez deberíamos dar gracias de que hechos como el de Newtown no ocurran con más frecuencia. Será que en el fondo aún quedan norteamericanos con un sentido racional más o menos normal. Ellos son la esperanza de esa Nación.

QUE DIOS BENDIGA AMÉRICA.

21 de noviembre de 2012

MADRID Y EL BALONMANO: UN AMOR IMPOSIBLE QUE HA DESTAPADO OTRAS MISERIAS



Desde el año 1994, cuando desapareció la sección de balonmano del Club Atlético de Madrid, y hasta la pasada campaña en la que este Club volvió a la élite tras adquirir los derechos deportivos de un todopoderoso Balonmano Ciudad Real venido a menos, la Ciudad de Madrid había carecido de un referente en el mundo del balonmano.

En estas dos últimas temporadas, el Atlético de Madrid ha vuelto a ser uno de los principales clubs a nivel nacional y ha destacado también en las competiciones internacionales que ha disputado, propiciando que todos aquellos aficionados madrileños que echaban de menos este deporte hayan recuperado la pasión de antaño.

Todo parecía ir sobre ruedas cuando se designó a Madrid como una de las sedes del Mundial de Balonmano que España acogerá durante el próximo mes de enero. De hecho, y para regocijo de todos los aficionados, se trataría de la sede principal, en la que la selección anfitriona disputaría todos los encuentros correspondientes a la primera fase del torneo. “¡Qué gran noticia!”, pensaron muchos al ver cómo el balonmano de élite volvía a Madrid.

Pues bien, resulta que a las dificultades que ha tenido que afrontar la organización del Mundial, propias de un país inmerso en una profunda crisis económica y una dolorosa restructuración social, hay que unir una más: el recinto previsto en Madrid para albergar los encuentros de la selección española era el Madrid Arena.

Los recientes y trágicos acontecimientos acontecidos en el citado recinto, en el que cuatro jóvenes fallecieron la pasada noche de Halloween durante el desalojo de una macrofiesta, han trastocado los planes de la organización del Torneo, que acaba de ver cómo se queda sin una de sus sedes a menos de dos meses de su celebración.

Como es lógico, el Ayuntamiento de la Capital (del que depende la gestión del recinto) se ha negado a reabrir dicha instalación hasta que no finalice la investigación en curso y se depuren responsabilidades. Por otra parte, el Consistorio ha señalado que se hará todo lo posible para que la disputa de los partidos se traslade del Madrid Arena a la “Caja Mágica” generando el menor número de molestias posible.

Caja Mágica. Foto: MARCA
Es aquí donde surge la polémica, ya que, con motivo de esta serie de sucesos se ha hecho público que la Caja Mágica ya fue desechada en su día como sede al no superar el examen de la Federación internacional de Balonmano (IHF). Este organismo determinó que la instalación no cumplía los requisitos mínimos exigidos para la celebración de un evento de estas características, por lo que habrá que acometer reformas de última hora si se quieren acoger en ella los correspondientes partidos.

Para aquellos que no sepáis de qué estoy hablando, la Caja Mágica es un recinto deportivo inaugurado en el año 2009 como un ejemplo de modernidad, sostenibilidad y apuesta de futuro. El coste de su construcción ascendió a los 294 millones de euros (a pesar de haberse presupuestado en 100). En él se celebra anualmente el Masters 1000 de Madrid de tenis (lo recordareis por la “cagada” de la tierra batida azul en la última edición) y ha albergado también encuentros de baloncesto. En un principio iba a ser la sede en la que el Real Madrid de Baloncesto disputaría de forma permanente sus partidos como local, pero éste solamente aguantó allí durante la temporada 2010/2011, cambiándose al Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid tras las numerosas quejas de sus aficionados en cuanto a la mala ubicación, transporte y accesos de la Caja Mágica.

Las preguntas que planteo, y sobre las que convendría reflexionar, son las siguientes:

¿Cómo es posible que una instalación tan cara y moderna, destinada a albergar eventos deportivos, no cumpla los requisitos exigidos para la disputa de un Mundial de Balonmano?

¿Qué imagen da esto de una ciudad candidata a celebrar unos Juegos Olímpicos, siendo La Caja Mágica uno de los “buques insignia” de la candidatura?

Otras dos soluciones que se han planteado son, el traslado de la celebración del Mundial al Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid (algo prácticamente imposible a día de hoy, dado que se encuentra ocupado en las fechas señaladas) o, si no se presenta otra alternativa, trasladar la sede a otra ciudad fuera de la Comunidad de Madrid, lo que supondría una sentencia de muerte para la candidatura olímpica "Madrid 2020" al mostrar la incapacidad de la Capital para organizar un acontecimiento deportivo de estas características.